Nuestra fe
El Sacramento de Confirmación
El Sacramento de la Confirmación completa la gracia recibida en el Bautismo. Es una profunda y poderosa renovación de nuestra relación con Dios, que fortalece a los fieles con los dones del Espíritu Santo para dar testimonio de Cristo con valentía y convicción.
Fortalecidos por el Espíritu
Los profetas de la antigüedad anunciaron que el Espíritu del Señor reposaría sobre el Mesías prometido, una profecía que se cumplió en la vida y la misión de Jesucristo por medio de su vida, muerte y Resurrección. Nuestro Salvador prometió este mismo Espíritu a los Apóstoles y a toda su Iglesia, asegurando que seríamos guiados por su sabiduría y su gracia en cada generación.
En el Sacramento de la Confirmación, la persona bautizada es sellada con el don del Espíritu Santo y recibe una marca espiritual permanente que la identifica como perteneciente a Cristo. Este sello sagrado otorga la fuerza espiritual necesaria para vivir como discípulo misionero, sirviendo a los demás y dando testimonio de Cristo en el mundo de hoy.
Adaptado del Catecismo Católico de los Estados Unidos para Adultos.
Preparación para el Sacramento
Prepararse para el Sacramento de la Confirmación es un profundo camino espiritual para nuestros jóvenes feligreses, que tradicionalmente comienza en octavo o noveno grado. El proceso se centra en profundizar el compromiso con Cristo mediante la participación constante en la formación en la fe, la elección de un mentor fiel como padrino o madrina y la asistencia obligatoria a las sesiones de preparación y a un retiro anual. Estos requisitos aseguran que los candidatos estén plenamente preparados para recibir el sello del Espíritu Santo.
Discipulado Misionero
Quienes han sido confirmados están llamados a vivir como discípulos misioneros de Jesús en sus familias, en la parroquia y en el mundo entero, utilizando los dones del Espíritu Santo en un servicio lleno de amor a los demás y como testigos entregados del Evangelio en la vida cotidiana.